Síndrome de la Distorsión de la porción

Síndrome de la Distorsión de la porción

Cuando se habla de las causas que desencadenaron la pandemia de malnutrición que experimenta el mundo actualmente, existe una tendencia global a dejar toda la responsabilidad al propio consumidor. Se habla del estilo de vida sedentario y de alimentos con alta densidad calórica. Sin embargo, se escribe muy poco acerca de los cambios progresivos que ha sufrido el tamaño de la porción a lo largo del tiempo y como esto ha generado cambios significativos en la cantidad de comida que se ingiere a lo largo del día.

Desde hace más de 20 años se ha documentado cómo aumentó el tamaño de platos, vasos, tazas y otros implementos utilizados en el servicio de comida. Haga la prueba mire una vajilla antigua y compárela con la que utiliza actualmente, le sorprenderá la diferencia.

Este “sutil” y progresivo cambio en el tamaño del reservorio para el servicio de la comida ha inducido poco a poco el aumento de nuestro requerimiento calórico. ¿Cómo es esto posible? pues en la medida en la que el plato o la taza son más grandes, sentimos la necesidad de colocar más comida o bebida pues necesitamos verlos “llenos” dejando a un lado la sensación de saciedad, indicador innato de nuestra especie (y de muchas otras) para dejar de comer.

Como el estómago es un músculo poco a poco se ha ido acostumbrando al aumento del tamaño de la porción. Y todo esto ocurre sin que nos demos cuenta, o al menos sin que tengamos plena conciencia que esto está pasando.

Dado que nuestra actividad física ha cambiado muy poco, este cambio progresivo en el tamaño de la porción ha tenido un efecto sustancial no sólo en nuestra circunferencia abdominal, sino también en la percepción de lo que realmente se necesita comer. Es por ello, que cuando visitamos a un especialista en nutrición nos cuesta tanto adaptarnos al tamaño de la porción que nos brinda la cantidad de energía que realmente necesitamos y no la que creemos necesitar.

La otra parte, es lo que dicen los investigadores al respecto en relación al cambio sostenido de nuestra percepción de lo que realmente necesitamos comer. En promedio se estima que en los últimos 30 años las porciones de comida han aumentado en más del 50%, razón por la cual, hoy parece que necesitamos más comida para las mismas funciones vitales.

Es sin duda alguna un efecto óptico que de cierta manera “engaña” nuestra percepción, haciéndonos colocar más comida en el plato, por que aprendimos a verlo lleno y creemos que eso es lo que realmente necesitamos.

La misión si decides aceptarla, es re-entrenar cuerpo y mente de tal manera que se sienta satisfecho con la cantidad de energía que realmente se necesita cada día, siempre atendiendo al requerimiento de cada persona en su individualidad. Cambiar el tamaño del plato puede cambiar tu vida y cómo te relacionas con los alimentos. Es una prueba de flexibilidad, una práctica muy necesaria en estos tiempos de cambio.

Por: Mariángel Paolini

Químico y MSc. Ciencia de los Alimentos

@cocinasegura

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